La política francesa volvió a situarse en el epicentro de la incertidumbre financiera. La Bolsa de París registró este martes una de sus caídas más abruptas del verano, arrastrando a otros parqués europeos, en un contexto en el que el Gobierno de François Bayrou afronta un voto de confianza crucial sobre sus planes de ajuste presupuestario. La inestabilidad política en la segunda economía de la eurozona llega en un momento delicado, marcado por tensiones en los mercados globales y nuevas presiones desde Estados Unidos sobre la Reserva Federal.
El presupuesto como campo de batalla
El CAC 40, principal índice de la Bolsa de París, llegó a perder más de un 2% en las primeras horas de la sesión antes de moderar el retroceso hasta el 1,6% al cierre. La corrección refleja el nerviosismo de los inversores tras el anuncio del primer ministro Bayrou de someter su programa de recortes a un voto de confianza el próximo 8 de septiembre.
El plan, que contempla recortes por unos 44.000 millones de euros, busca contener un déficit que alcanzó el 5,8% del PIB en 2024. Entre las medidas propuestas figuran el congelamiento de las pensiones, de las ayudas sociales y de los tramos impositivos, además de la polémica eliminación de dos festivos nacionales. La oposición, en bloque, ya ha adelantado que no respaldará la iniciativa, lo que eleva las probabilidades de que el Ejecutivo quede debilitado o incluso caiga.
“Europa se había convertido este año en un destino preferido para los inversores en busca de tendencia, y lo que estamos viendo ahora es una reversión de ese movimiento”, advertía Erik Nelson, estratega de Wells Fargo. Para el analista, la posición de Bayrou no es todavía terminal: podría moderar algunas de sus propuestas más polémicas para seducir a sectores de la oposición. Sin embargo, el margen de maniobra es estrecho, y la presión del mercado añade un componente explosivo.
De París a Washington: la inestabilidad se contagia
El malestar no se limitó a Francia. Los principales índices europeos también cerraron en negativo, con el FTSE 100 británico perdiendo un 0,7% y el DAX alemán retrocediendo un 0,4%. Pero la otra gran sacudida llegó desde Washington, donde Donald Trump volvió a tensar las relaciones con la Reserva Federal.
El presidente estadounidense anunció a través de redes sociales el “despido” de Lisa Cook, miembro del consejo de gobernadores de la Fed. Cook respondió de inmediato alegando que Trump carece de autoridad para cesarla y que no piensa dimitir, lo que abre un frente legal sin precedentes. El episodio se suma a los continuos intentos del mandatario de presionar al banco central para que recorte los tipos de interés y a las críticas reiteradas contra su presidente, Jerome Powell.
La intervención tuvo un efecto inmediato en los mercados asiáticos, que amanecieron con caídas, y añadió más incertidumbre a unas plazas financieras que, apenas la semana pasada, habían celebrado un discurso de Powell interpretado como la antesala de un recorte de tipos en septiembre.
Expectativa y fragilidad
La combinación de una Francia atrapada en la pugna política y una Reserva Federal bajo asedio político dibuja un panorama de alta fragilidad para los mercados internacionales. En Europa, los inversores aguardan las cifras de inflación de las principales economías del bloque, previstas para este viernes, mientras que en Estados Unidos el foco se traslada a los resultados trimestrales de Nvidia, considerado un termómetro de la fiebre por la inteligencia artificial en Wall Street.
El desenlace del voto de confianza en París será determinante para calibrar el rumbo del mercado europeo en septiembre. Si Bayrou logra imponerse, podría ganar un respiro para aplicar sus ajustes y recuperar parte de la confianza perdida. Si fracasa, la incertidumbre política podría prolongarse y minar la estabilidad de la eurozona en un momento en que los inversores ya caminan sobre un terreno resbaladizo.
Lo que queda claro es que los mercados, acostumbrados a navegar en aguas agitadas, vuelven a enfrentarse a un escenario en el que la política, tanto en Europa como en Estados Unidos, amenaza con desbordar los cálculos puramente económicos.