La OPI del siglo: qué debes saber antes de invertir en SpaceX
El debut bursátil de SpaceX podría convertirse en la mayor OPI de la historia, con una valoración de 1,75 billones de dólares y una recaudación prevista de hasta 75.000 millones.
Hay momentos en la historia de los mercados financieros que marcan un antes y un después. La salida a bolsa de Ford en 1956, la de Apple en 1980, la de Google en 2004, la de Alibaba en 2014. A esa lista podría sumarse, en los próximos meses, el nombre de SpaceX. Elon Musk ha dado el primer paso formal hacia lo que podría convertirse en la mayor oferta pública inicial de la historia: la compañía ha presentado de manera confidencial su solicitud ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC), según confirmaron fuentes cercanas a la operación a CNBC. La firma podría buscar una valoración de 1,75 billones de dólares con una cotización prevista para junio. Si los números se confirman, SpaceX no solo debutaría en bolsa: lo haría redefiniendo los límites de lo que una empresa tecnológica puede valer antes de cotizar públicamente.
La magnitud del número merece ser contextualizada. SpaceX estaría buscando recaudar hasta 75.000 millones de dólares, lo que la convertiría con amplia ventaja en el mayor debut bursátil de la historia de Estados Unidos, un título que actualmente ostenta la oferta de Alibaba de 22.000 millones de dólares en 2014. En otras palabras, SpaceX no aspira a batir el récord por un margen estrecho: lo pretende pulverizar con una diferencia de más de tres veces. Esa ambición, por sí sola, dice mucho sobre el apetito del mercado por activos que combinen narrativa tecnológica, infraestructura estratégica y la magnetosfera mediática de su fundador.
La presentación confidencial —un mecanismo que permite a las empresas compartir sus finanzas con el regulador antes de hacerlas públicas— implica que SpaceX deberá revelar esa información al mercado al menos 15 días antes de comenzar el roadshow, la serie de presentaciones con las que tratará de atraer a inversores institucionales. Ese período será crucial: será entonces cuando el mercado podrá calibrar por primera vez los fundamentos reales de una empresa que hasta ahora ha operado al margen de la disciplina contable que impone la cotización pública.
El espejismo del primer día y las trampas del entusiasmo
La psicología del inversor tiende a asociar las OPIs con la oportunidad de “entrar desde el principio”, con la imagen romántica del accionista fundacional que compra cuando nadie cree y vende cuando todos quieren. La realidad es considerablemente más matizada. Entre 1980 y 2025, las acciones han subido de media un 19% desde su precio de oferta en el primer día de cotización, según datos de Jay Ritter, director de la iniciativa de OPIs en la Universidad de Florida. Un 19% en un solo día parece tentador, hasta que se examina la letra pequeña.
El problema fundamental es el acceso. Las acciones al precio de oferta no suelen estar disponibles para inversores minoristas, especialmente en OPIs “calientes”, donde Ritter estima que el 95% de las acciones va a parar a manos de inversores institucionales. En el conjunto de todas las OPIs, Fidelity sitúa la distribución entre inversores institucionales y minoristas en una proporción de 90 a 10. Quien compra en el mercado abierto, una vez que las acciones han comenzado a cotizar, parte de una posición radicalmente distinta. Una vez que las acciones llegan al mercado, no hay forma de predecir cómo se comportará una OPI determinada: “De media, el retorno desde la apertura hasta el cierre es aproximadamente cero”, señala Ritter.
SpaceX podría romper parcialmente con este patrón. La compañía estaría planeando reservar hasta el 30% de la oferta para inversores minoristas, según Bloomberg. Si esto se confirma, sería un gesto notable en un mercado donde los pequeños inversores suelen quedar relegados a los retales que los grandes fondos no quieren. Pero incluso en ese escenario, el acceso al precio de oferta dependería de la relación de cada inversor con su bróker y de la capacidad de este último para participar en el reparto previo a la cotización.
Más allá del primer día, hay un factor estructural que los expertos señalan con insistencia: la volatilidad de largo plazo. Aunque las acciones de las OPIs tienden a subir el primer día de cotización, no hay garantías, y alrededor del 25% cae en valor. El entusiasmo inicial, alimentado por la cobertura mediática y el fervor retail, puede evaporarse con la misma velocidad con la que se acumula. Las OPIs de WeWork, Rivian o Grab son ejemplos recientes de empresas que debutaron con valoraciones astronómicas y encontraron en los meses siguientes una cruda corrección con la realidad de sus fundamentales.
Tres variables que determinarán el destino del inversor en SpaceX
Para quienes deseen participar en esta operación, los expertos consultados identifican tres factores que deberían guiar el análisis previo a cualquier decisión de inversión.
El primero es el flotante, es decir, el porcentaje del capital que la empresa pone a disposición del mercado. Un flotante bajo puede inflar artificialmente el precio en las primeras sesiones de cotización —la escasez de papel frente a la demanda produce ese efecto mecánico—, pero siembra las semillas de una volatilidad crónica. Un flotante muy bajo es “una gran señal de alerta” en términos de qué empresas han tenido históricamente un rendimiento superior o inferior, según Josef Schuster, fundador de IPOX Schuster. Con SpaceX rumoreando salir al mercado con alrededor del 5% de flotante, la acción podría encontrarse en un territorio históricamente complicado: “Por debajo del 7%, hay que tener mucho cuidado”, advierte. Un evento negativo —un fallo técnico, una revisión regulatoria, un trimestre decepcionante— puede desencadenar una corrección desproporcionada cuando el papel es escaso y los movimientos de los grandes tenedores dominan la formación del precio.
El segundo factor es el historial de ventas. Las empresas que han salido a bolsa con al menos 1.000 millones de dólares en ventas durante los doce meses previos han conseguido, de media, mantener el ritmo del mercado en los tres años siguientes, mientras que las empresas más pequeñas han tendido a quedarse atrás, según Ritter. SpaceX tiene la ventaja de ser una empresa con contratos gubernamentales, ingresos recurrentes de su división Starlink y una posición dominante en el mercado de lanzamiento comercial. Pero hasta que los documentos registrales no estén sobre la mesa, la cifra real de ingresos, márgenes y estructura de deuda permanece en el reino de la especulación. Los inversores deberán aguardar a esa información antes de poder pronunciarse con rigor sobre la calidad financiera del negocio.
El tercer elemento es el papel que esta inversión jugaría dentro de una cartera más amplia. Schuster afirma que generalmente prefiere invertir una vez que una acción ha tenido algo de tiempo en el mercado y advierte contra intentar aprovechar los grandes movimientos a corto plazo que pueden producirse inmediatamente después de una oferta pública. “Creo que los inversores deben tener mucho cuidado en entrar en este momento”, señala, “aunque más adelante, una vez que empiece a cotizar, creo que hay que dejarla cotizar y ver. Los puntos de entrada a las OPIs han sido, en muchos casos, mucho más bajos que el primer día de cotización.” Esta perspectiva, respaldada por la evidencia histórica, sugiere que el inversor con horizonte de medio y largo plazo no necesariamente tiene prisa: el tiempo suele abrir mejores ventanas de entrada que el frenesí inaugural.
Para quienes quieran exposición a SpaceX antes incluso de que la compañía cotice, existe ya algún vehículo de inversión disponible. Los fondos de inversión tienen permitido mantener hasta el 15% de su cartera en activos no líquidos, lo que puede incluir capital privado. Baron Opportunity, un fondo de inversión que busca invertir en negocios innovadores y de rápido crecimiento, mantenía un 14,7% de su cartera en SpaceX en su último informe. Esta vía ofrece una exposición indirecta y diversificada para quienes no quieran jugarse el todo por el todo en el debut bursátil.
Lo que está en juego en la OPI de SpaceX va más allá de las ganancias o pérdidas de sus primeros días de cotización. Es, en cierta medida, un test sobre el estado de los mercados de capitales en un momento de incertidumbre macroeconómica, sobre el apetito real de los inversores por empresas que mezclan narrativa transformacional con complejidad regulatoria, y sobre la capacidad de Elon Musk de mantener la atención de Wall Street mientras simultáneamente gestiona Tesla, xAI, X y su papel en la administración Trump. La historia de las grandes OPIs enseña que el ruido del primer día rara vez predice el destino de largo plazo. Lo que sí lo predice, con mayor fiabilidad, es la disciplina con la que el inversor se aproxima a la oportunidad.



