La capitulación de los más fieles: cuando los grandes tenedores de Bitcoin se rinden
Ni refugio ante la incertidumbre ni acción tecnológica al alza: atrapado entre dos relatos que ya no convencen, el activo pierde a sus defensores más fieles.
Durante años, fueron el ancla del mercado. Los inversores que compraron bitcoin y resistieron sin vender, atravesando caídas brutales y subidas vertiginosas, encarnaban la convicción que sostenía el relato del activo. Ahora, con el precio rondando nuevos mínimos del ciclo, incluso ellos han empezado a soltar lastre. Y para algunos analistas, paradójicamente, esa rendición podría ser la señal de que lo peor está cerca de terminar.
Según una nota de la firma de análisis Compass Point, los tenedores de mayor convicción de bitcoin se han sumado a la oleada de ventas que ha sacudido a la criptomoneda. El analista Ed Engel define a estos inversores como aquellos que han conservado sus monedas durante al menos 155 días —alrededor de cinco meses—, un grupo que tradicionalmente actúa como freno ante el pánico vendedor. Tras permanecer prácticamente inactivos entre febrero y abril, este colectivo ha cambiado de comportamiento en las últimas semanas. En apenas dos días desprendieron cerca de 2.400 millones de dólares en bitcoin, un movimiento que, en palabras de Engel, tiene “grandes implicaciones” sobre el delicado equilibrio entre oferta y demanda del activo.
Más revelador todavía resulta el dato sobre quiénes están vendiendo. El 26% del bitcoin liquidado en los últimos treinta días provino de inversores que lo habían adquirido por encima de los 90.000 dólares, es decir, compradores que entraron cerca de los máximos y que durante meses se mantuvieron firmes pese a las pérdidas acumuladas. Que ahora se rindan, justo cuando el precio se aproxima a nuevos suelos del ciclo, encaja con un patrón que Engel reconoce de mercados bajistas anteriores. La capitulación de los compradores que entraron en la cima, sostiene, es un fenómeno habitual en las fases finales de un mercado bajista, lo que refuerza su convicción de que el actual declive de bitcoin se encuentra en sus últimas etapas.
Un activo atrapado entre dos relatos que ya no convencen
El problema de fondo es que bitcoin lleva semanas peleando, sin éxito, por recuperar el terreno perdido frente al récord superior a los 126.000 dólares que alcanzó en octubre. La incertidumbre en torno a la guerra con Irán ha mantenido el precio bajo presión, mientras que la bolsa estadounidense ha hecho justamente lo contrario: marcar nuevos máximos históricos. Esa divergencia entre ambos mercados ha terminado por poner en entredicho las dos narrativas que durante años justificaron la existencia misma de bitcoin como inversión.
Por un lado estaba la idea del “oro digital”, el activo refugio que debería brillar precisamente en momentos de tensión geopolítica como el actual. Por otro, la noción de que bitcoin se comporta como una acción tecnológica de alta volatilidad, beneficiándose del apetito por el riesgo. La realidad reciente ha desmentido ambas versiones a la vez: ni ha funcionado como refugio mientras crecía la incertidumbre internacional, ni ha acompañado a las acciones en su rally hacia nuevos récords. Atrapado entre dos relatos que se contradicen y que el mercado ya no parece creer del todo, el activo ha quedado a la deriva.
Las cifras del mercado de fondos cotizados refuerzan ese diagnóstico. Los ETF de bitcoin encadenaron el martes su duodécima jornada consecutiva de salidas netas de capital, la racha negativa más larga jamás registrada, según datos de SoSoValue. Los activos netos gestionados por estos vehículos se desplomaron hasta los 85.000 millones de dólares, frente a los 107.800 millones que sumaban apenas tres semanas antes, a mediados de mayo. La sangría de capital ha sido continua y sostenida.
El detonante y el verdadero motor de la caída
La semana ha sido especialmente cruda para bitcoin, que acumula una caída del 10% en pocos días. El lunes, un episodio de ventas impulsadas por el miedo aceleró el desplome. El catalizador fue, en apariencia, modesto: la venta por parte de Strategy de apenas 32 monedas, su primera operación de este tipo desde 2022. Pero ese gesto, pequeño en magnitud, bastó para encender la mecha de una cascada de liquidaciones de posiciones largas que amplificó la presión bajista hasta empujar el precio de nuevo por debajo de los 70.000 dólares.
Aun así, los analistas coinciden en que la venta de Strategy no es el factor determinante detrás del retroceso. El verdadero motor, según Citi, se encuentra en otra parte. El analista Alex Saunders sostiene que los flujos de los ETF son el principal impulsor de la apreciación del precio de bitcoin, explicando aproximadamente el 45% de la variación de los rendimientos semanales, y constituyen el mejor termómetro para medir la adopción y el apetito de los inversores. Con esos flujos en terreno negativo de forma persistente, el panorama se complica.
A ello se suma un horizonte regulatorio que se oscurece. Saunders advierte que las probabilidades de que prospere en Estados Unidos una ley de estructura de mercado para los criptoactivos —un posible catalizador para reavivar el interés inversor, en su opinión— son cada vez menores. Su pronóstico es sombrío: espera que el sentimiento del mercado siga siendo apático, sobre todo mientras persista el marcado contraste con el comportamiento de la renta variable, a menos que llegue una noticia positiva en el frente regulatorio o que resurjan los temores sobre la devaluación de la moneda fiduciaria ligados a la situación fiscal del país.
Queda así dibujado un escenario de doble lectura. La capitulación de los tenedores más convencidos puede interpretarse, según la tesis de Compass Point, como el síntoma clásico que anticipa el final de un ciclo bajista, ese momento de máxima rendición que suele preceder a la recuperación. Pero también puede leerse, con la cautela que imponen los flujos negativos y un entorno regulatorio adverso, como la confirmación de que ni siquiera los más fieles encuentran ya razones para sostener su apuesta. Cuál de las dos interpretaciones acabe imponiéndose dependerá, en buena medida, de si el dinero regresa a los ETF y de si Washington decide, o no, despejar el camino normativo que el sector lleva tiempo esperando.



