El estrecho del abismo: cómo el bloqueo de Ormuz amenaza con reconfigurar el orden energético mundial
El presidente Trump ordenó un bloqueo naval que paraliza el paso de crudo por el punto más crítico del planeta para el suministro de energía.
La madrugada del lunes llegó con una noticia que hizo temblar los mercados de materias primas: Donald Trump firmó la orden de establecer un bloqueo naval sobre el estrecho de Ormuz, ese corredor de apenas 33 kilómetros de ancho por el que, hasta hace pocas semanas, circulaba aproximadamente una quinta parte del petróleo que consume el mundo. La medida, que entró en vigor a las diez de la mañana del lunes, hora de la costa este de Estados Unidos, apunta a todos los buques de cualquier nación que pretendan entrar o salir de puertos y zonas costeras iraníes, incluyendo los situados en el Golfo Arábigo y el Golfo de Omán. Con un solo decreto, Washington elevó a una nueva dimensión una crisis que ya era, según el propio director de la Agencia Internacional de la Energía, la peor perturbación energética que el mundo haya visto jamás.
Lo que antecede a esta decisión es una historia de negociaciones rotas y tensiones acumuladas. Veintiún horas de conversaciones durante el fin de semana entre Washington y Teherán se cerraron sin acuerdo sobre el programa nuclear iraní, el control del estrecho y los continuos ataques israelíes contra Hezbolá en el Líbano. El fracaso diplomático no fue una sorpresa para quienes llevan meses siguiendo la escalada, pero la velocidad con la que Trump optó por la presión militar sí lo fue. Apenas horas después de que colapsaran las conversaciones, los mercados ya estaban procesando la nueva realidad: los futuros del crudo WTI para entrega en mayo se dispararon más de un 8%, hasta los 104,40 dólares por barril, mientras el Brent subió más de un 7%, hasta los 101,86 dólares.
Una herida en la arteria del mundo
Para entender la magnitud de lo que está en juego, conviene recordar la geografía energética del planeta. El estrecho de Ormuz no es simplemente una ruta marítima más; es el cuello de botella por excelencia de la economía global. Antes de los ataques iniciales de Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero, aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial transitaba por ese paso. Ese flujo se ha reducido desde entonces a un goteo, y las cadenas de suministro de crudo, fertilizantes, prendas de vestir y bienes industriales se han visto trastocadas de forma severa. La perturbación ya es histórica por sí sola, pero el bloqueo completo abre un escenario aún más oscuro.
Trita Parsi, vicepresidente ejecutivo del Quincy Institute for Responsible Statecraft, advirtió que retirar más petróleo del mercado —especialmente el único que sale actualmente del Golfo Pérsico— podría elevar los precios hasta los 150 dólares por barril. Es una cifra que, de materializarse, trastocaría los planes presupuestarios de decenas de gobiernos y aceleraría la inflación en economías que aún no han terminado de digerir los efectos de los ciclos de endurecimiento monetario de los últimos años. Pero el petróleo no es el único producto en el punto de mira. Los precios de los fertilizantes y el helio —insumos críticos para la producción de alimentos y la fabricación de semiconductores— también seguirán subiendo, alimentando una inflación que ya se está acelerando.
La comparación histórica inevitable es con la crisis del petróleo de los años setenta, cuando el embargo árabe cuadruplicó los precios del crudo y obligó a implementar el racionamiento de combustible en las principales economías occidentales. Pero quizá sea Daniel Yergin, vicepresidente de S&P Global, quien mejor captura la escala de lo que está ocurriendo: según él, nunca ha habido nada de esta envergadura. Las crisis petroleras de los años setenta, la guerra entre Irán e Irak en los ochenta, la invasión iraquí de Kuwait en 1990; ninguna se acerca a la magnitud de esta perturbación.
Hay, no obstante, factores que matizan el pesimismo más extremo. La economía global es hoy menos intensiva en petróleo que en el pasado: el uso de crudo por unidad de PIB requiere ahora aproximadamente el 40% de lo que consumía a principios de los años setenta. La energía eólica, solar y nuclear han diversificado la matriz energética de formas que no existían hace cinco décadas. Eso no elimina el riesgo, pero sí lo amortigua, al menos en el corto plazo. David Lubin, investigador del Chatham House, advierte, con todo, que si el conflicto escala de manera significativa, el impacto energético podría terminar siendo tan devastador como el de la crisis de los setenta.
El tablero geopolítico: Pekín, Delhi y el riesgo de la chispa equivocada
El bloqueo no es únicamente una confrontación bilateral entre Washington y Teherán. Sus implicaciones se extienden a prácticamente todos los grandes actores del sistema internacional, y en ningún sitio son más delicadas que en Pekín. China sigue siendo el principal comprador de petróleo iraní y ha continuado recibiendo envíos a través del estrecho desde el inicio de la guerra. Un veto total a los buques que transportan crudo iraní amenaza con cortar ese suministro y reabrir tensiones entre Washington y Pekín en un momento particularmente sensible, justo antes del viaje que Trump tiene previsto realizar a China el próximo mes. Parsi, del Quincy Institute, duda de que Trump esté dispuesto a asumir esa escalada adicional y no descarta que el presidente acabe retrocediendo en su posición.
La Casa Blanca parece ser consciente de la complejidad del tablero que ha creado. La administración Trump amenazó el lunes con imponer un arancel adicional del 50% a China si Pekín suministra equipamiento de defensa avanzado a Teherán. Es una señal que sirve tanto de advertencia como de indicador de hasta qué punto Washington teme que el conflicto atraiga a China de forma más directa. India y Pakistán, que según los analistas han negociado acuerdos de paso seguro con Irán, también podrían verse arrastradas por la dinámica del conflicto.
La pregunta que divide a los analistas es si el bloqueo debe interpretarse como un instrumento de presión negociadora o como el inicio de una escalada genuinamente peligrosa. Parsi apuesta por la primera lectura: dado que ninguna de las partes ha declarado explícitamente que las negociaciones han terminado o que el alto el fuego ha concluido, todos estos movimientos deben tratarse como tácticas y amenazas dentro del proceso negociador. Brian Jacobsen, economista jefe de Annex Wealth Management, mantiene un optimismo cauteloso y apunta a la posibilidad de que Washington establezca exenciones de paso seguro para los buques aliados.
Pero Ben Emons, de Fed Watch Advisors, introduce una advertencia que merece atención: una estrategia concebida para llevar a Irán al límite puede desencadenar exactamente el resultado que pretende evitar. Las señales desde Teherán no son tranquilizadoras. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán advirtió el domingo que cualquier buque militar que se aproxime al estrecho “bajo cualquier pretexto” sería considerado una violación del alto el fuego, y endureció su retórica señalando que los enemigos quedarían atrapados en un “vórtice mortal” en caso de cualquier error de cálculo. No son palabras vacías en un contexto donde el margen de error diplomático se ha reducido drásticamente.
El asunto tampoco está exento de problemas legales de enorme calado. Según el derecho internacional, y en concreto las normas que rigen los estrechos internacionales, Estados Unidos no tiene autoridad legal para cerrar, suspender o entorpecer el paso de tránsito por Ormuz. Solo Irán y Omán son estados ribereños, y aun ellos tienen prohibido suspender el tránsito por el estrecho. La ausencia de cobertura jurídica no impide que el bloqueo se lleve a la práctica, pero sí lo convierte en una fuente de futuros litigios internacionales y complica la posibilidad de construir una coalición amplia de apoyo.
Lo que está claro, mientras los mercados absorben el impacto y los buques cisterna dan media vuelta en el Golfo, es que el mundo se encuentra ante una encrucijada energética y geopolítica sin precedentes modernos. El bloqueo de Ormuz puede ser el golpe de presión que finalmente lleve a Irán a la mesa de negociaciones en términos favorables a Washington, o puede ser la chispa que convierta una crisis gestionable en un incendio de consecuencias imprevisibles. Por ahora, el estrecho más importante del planeta está cerrado, el petróleo supera los cien dólares, y el mundo contiene la respiración.



