El alto el fuego entre Estados Unidos e Irán desata una oleada de optimismo en las bolsas europeas
Dos semanas de pausa en un conflicto que tenía al mundo al borde del abismo bastan para disparar las bolsas europeas y desplomar el precio del crudo.
Los mercados financieros globales vivieron este miércoles una jornada de alivio colectivo tras el anuncio de un acuerdo de tregua condicional entre Washington y Teherán, el cual puso fin, al menos temporalmente, a semanas de escalada bélica que habían sumido a los inversores en una profunda incertidumbre. Las bolsas europeas registraron avances notables desde la apertura, con el índice paneuropeo Stoxx 600 escalando cerca de un 3,4% en las primeras horas de la sesión londinense, mientras que sectores especialmente castigados durante el conflicto —como el turismo, la minería y los fabricantes de automóviles— protagonizaron los rebotes más espectaculares del día.
El rally no fue un fenómeno aislado. Los futuros sobre acciones estadounidenses ya habían reaccionado con fuerza durante la noche, y los mercados asiáticos se sumaron a la euforia antes incluso de que Europa abriera sus puertas. Lo que une a todos estos movimientos es un denominador común: la noticia de que el presidente Donald Trump había aceptado suspender durante dos semanas los ataques planeados contra infraestructuras iraníes, condicionado a que Irán garantizara la apertura completa, inmediata y segura del estrecho de Ormuz. En paralelo, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, confirmó en nombre del Consejo Supremo de Seguridad Nacional que las fuerzas armadas de Teherán cesarían sus “operaciones defensivas”. Una declaración que, pese a su tono cauteloso, fue suficiente para que los mercados interpretaran el mensaje como el inicio de una desescalada real.
Las cifras que definen el rebote
El entusiasmo bursátil se tradujo en números concretos e inequívocos. El DAX alemán lideró los avances entre los grandes índices con una subida del 4,8%, seguido de cerca por el CAC 40 francés, que ganó un 4,1%. Italia, cuya economía tiene una exposición significativa a las rutas comerciales mediterráneas y del golfo Pérsico, vio cómo su FTSE MIB avanzaba un 3,6%, mientras que el FTSE 100 británico, más conservador por naturaleza dado el peso de las energéticas en su composición, subía un 2,4%.
Los valores que más brillaron fueron aquellos que más habían sufrido durante las semanas de conflicto abierto. La aerolínea de bajo coste easyJet y la alemana Lufthansa superaron ambas el umbral del 10% de revalorización intradiaria, reflejando la expectativa de que la reapertura del espacio aéreo sobre Oriente Próximo y la normalización del tráfico aéreo internacional permitirán recuperar una operativa que ha estado gravemente comprometida. En el sector minero, Antofagasta —la cuprífera chilena cotizada en Londres— se disparó también más de un 10%, beneficiada tanto por la perspectiva de una reactivación industrial global como por el retroceso del dólar frente a otras divisas que típicamente acompaña a los períodos de menor tensión geopolítica.
El petróleo, por su parte, hizo el movimiento opuesto: los precios del crudo cedieron con fuerza y cayeron por debajo de los 100 dólares por barril, un nivel que apenas unas horas antes parecía un suelo difícil de perder. El cierre del estrecho de Ormuz —amenaza latente desde el inicio del conflicto— habría supuesto un shock de oferta de dimensiones históricas, dado que por ese paso transita aproximadamente el 20% de todo el petróleo que se comercia en el mundo. La sola posibilidad de que esa arteria quedara abierta fue suficiente para provocar una corrección brusca en los precios de la energía.
Una tregua frágil en un escenario todavía incierto
Conviene, sin embargo, no dejarse llevar por el optimismo sin calibrar adecuadamente los riesgos que permanecen sobre la mesa. La tregua es condicional y tiene una duración de apenas dos semanas, lo que la convierte en un compás de espera más que en una solución definitiva. El propio Trump, cuya retórica durante el conflicto había alcanzado tonos extraordinariamente beligerantes —llegando a amenazar con destruir “toda la civilización” iraní si Teherán no reabría el estrecho—, podría retomar las operaciones militares si considera que Irán no está cumpliendo sus compromisos.
De hecho, varios países de Oriente Próximo reportaron este mismo miércoles la recepción de misiles y drones iraníes, lo que obligó a activar los sistemas de defensa aérea en distintos puntos del Golfo. Este detalle, relativamente pasado por alto en el entusiasmo inicial de los mercados, es una señal de que el acuerdo se encuentra en una fase extremadamente delicada y que la tregua coexiste, al menos por ahora, con una situación de tensión militar sobre el terreno que dista mucho de estar resuelta.
En este contexto, la lectura de los resultados de Shell cobra especial relevancia. La petrolera angloholandesa fue la primera gran compañía energética en publicar sus cuentas desde el inicio del conflicto, y el cuadro que dibujó es el de una empresa que ha ganado mucho con los precios altos del petróleo, pero que también ha pagado un precio operativo considerable. La producción de gas natural licuado (GNL) cayó de los 948.000 barriles equivalentes de petróleo en el cuarto trimestre de 2025 a un rango de entre 880.000 y 920.000 en el primer trimestre de 2026, una reducción directamente atribuible a las disrupciones causadas por los combates en la región. “El aumento significativo de los precios de la energía debería impulsar los beneficios de Shell, pero la compañía también tiene una presencia operativa relevante en Oriente Próximo que ha sido afectada por los combates”, señaló Dan Coatsworth, responsable de mercados de AJ Bell. “Esta dicotomía queda reflejada en la última actualización de la empresa: la producción de gas ha sido golpeada, pero los márgenes de refino y los ingresos por trading de crudo han mejorado.”
El caso de Shell ilustra a la perfección la ambigüedad con la que los mercados han tenido que convivir durante este período: la guerra ha sido, simultáneamente, una fuente de ganancias extraordinarias para algunas partes del negocio energético y un generador de costes e incertidumbres operativas de primer orden. La normalización del precio del petróleo, si se confirma, podría aliviar esas presiones operativas pero reducir también el viento de cola financiero que han disfrutado las grandes petroleras en las últimas semanas.
Más allá de los resultados empresariales, la jornada también trajo consigo la publicación de datos macroeconómicos relevantes para Europa, entre ellos los pedidos industriales en Alemania y las cifras de ventas minoristas en la Unión Europea. Ambas referencias servirán para calibrar hasta qué punto las semanas de incertidumbre bélica han dejado huella en la actividad económica real del continente, una pregunta cuya respuesta tendrá implicaciones directas sobre las decisiones del Banco Central Europeo en los próximos meses. Por ahora, no obstante, los mercados han optado por mirar hacia adelante, apostando por que la tregua se consolide y que el daño económico causado por el conflicto resulte ser más contenido de lo que se temía en los peores momentos de la crisis.



