ASML eleva sus previsiones mientras la inteligencia artificial devora chips sin freno
ASML revisa al alza sus previsiones para 2026 ante la imparable demanda de semiconductores ligada a la IA, mientras las restricciones de exportación erosionan su negocio en China.
En el mundo de los semiconductores, pocas empresas ocupan una posición tan singular como ASML. La firma neerlandesa no fabrica chips, sino algo más fundamental aún: las máquinas que los fabrican. Por eso, cuando ASML habla, toda la industria escucha. Y lo que dijo esta semana fue inequívoco: la demanda de semiconductores vinculada a la inteligencia artificial no solo no da señales de enfriarse, sino que acelera con una fuerza que obliga a revisar al alza todas las estimaciones.
La compañía con sede en Veldhoven presentó sus resultados del primer trimestre de 2026 con cifras que superaron las expectativas del consenso de analistas en todos los frentes relevantes. Las ventas netas alcanzaron los 8.800 millones de euros —unos 10.400 millones de dólares—, por encima de los 8.500 millones que el mercado anticipaba. El beneficio neto llegó a 2.800 millones de euros, frente a los 2.500 millones previstos. Estos resultados no son accidentales; son el reflejo de una cadena de valor en la que la inteligencia artificial se ha convertido en el motor más potente que la industria tecnológica haya visto en décadas.
Sobre la base de este arranque sólido, ASML revisó su previsión de ventas para el conjunto del año 2026. La horquilla anterior, que iba de los 34.000 a los 39.000 millones de euros, fue reemplazada por una nueva estimación de entre 36.000 y 40.000 millones. El ajuste puede parecer técnico, pero su significado es estratégico: la empresa está señalando que la expansión de infraestructura relacionada con la IA no es una moda pasajera, sino una transformación estructural del sector.
El chip que sostiene la revolución digital
Christophe Fouque, consejero delegado de ASML, fue directo en su valoración del momento que atraviesa la industria. Las perspectivas de crecimiento del sector de semiconductores continúan consolidándose, impulsadas por las inversiones en infraestructura relacionada con la IA. La demanda de chips supera a la oferta, y en respuesta a eso, los clientes están acelerando sus planes de expansión de capacidad para 2026 y más allá, respaldados por acuerdos a largo plazo con sus propios clientes.
Esa presión sobre la oferta tiene un nombre concreto en el mercado actual: la escasez de chips de memoria. La memoria es el componente que permite a los sistemas de inteligencia artificial procesar y retener enormes volúmenes de información en tiempo real; sin ella, los modelos de lenguaje, los centros de datos y las aplicaciones de IA generativa sencillamente no funcionan. Esta carencia ha empujado los precios de estos componentes a niveles históricos, lo que ha disparado las alarmas —y los planes de inversión— en los grandes fabricantes surcoreanos.
Samsung y SK Hynix, los dos colosos del sector de memoria a escala global, han anunciado planes para ampliar de forma significativa su capacidad productiva. Ambas expansiones dependerán en gran medida del equipamiento que solo ASML puede suministrar. Este efecto multiplicador se vio claramente en la composición de las ventas del primer trimestre: el 51% de las ventas netas de nuevos equipos de ASML fue destinado al segmento de memoria, frente al 30% del trimestre anterior. Los clientes de Corea del Sur representaron el 45% de las ventas totales, mientras que los de Taiwán aportaron el 23%.
Los números de Taiwán cobran sentido a la luz de los resultados que TSMC —Taiwan Semiconductor Manufacturing Co.— publicó la semana pasada. La mayor fundidora de chips del mundo reportó ingresos récord en el primer trimestre, impulsados precisamente por la demanda de semiconductores avanzados para aplicaciones de IA. ASML es uno de los proveedores críticos de TSMC, lo que convierte a ambas empresas en piezas inseparables del mismo engranaje industrial.
El frente chino: una grieta cada vez más ancha
Sin embargo, el panorama de ASML no está exento de complicaciones. El mercado chino, que durante años representó una fuente de ingresos sustancial para la compañía, se está convirtiendo en terreno cada vez más difícil de transitar. Las restricciones a la exportación de tecnología de semiconductores impuestas por los gobiernos de Estados Unidos y sus aliados han privado a ASML de la posibilidad de vender sus máquinas más avanzadas —las de litografía ultravioleta extrema, conocidas como EUV— al mercado chino.
El impacto de esas restricciones ya es visible en los estados financieros. Las ventas de sistemas a China cayeron al 19% del total en el primer trimestre de 2026, frente al 36% que representaban en el último trimestre de 2025. En términos absolutos, eso equivale a haber perdido casi una quinta parte de los ingresos que China generaba apenas tres meses antes. La caída no es anecdótica; es el reflejo de una política de desacoplamiento tecnológico que avanza con determinación.
Y la presión podría intensificarse aún más. A principios de abril, un grupo bipartidista de legisladores estadounidenses presentó una propuesta de ley que iría considerablemente más lejos que las restricciones actuales: el proyecto busca prohibir también la exportación a China de las máquinas de generación anterior —las de litografía ultravioleta profunda, o DUV—, que hasta ahora ASML sí podía vender al mercado chino. Si esta legislación prospera en el Congreso, ASML podría ver clausurado de facto su acceso a uno de los mercados más grandes del mundo para sus productos menos avanzados.
Lo que hace especialmente compleja la situación es que, a diferencia de la mayoría de las empresas tecnológicas, ASML no tiene sustitutos creíbles. Es el único proveedor mundial de máquinas de litografía EUV, y su dominio sobre la litografía DUV también es abrumador. Eso le da una ventaja competitiva extraordinaria, pero también la convierte en un objetivo preferente de las disputas geopolíticas entre potencias que compiten por el control de la cadena de suministro de semiconductores.
La paradoja que enfrenta ASML es, en cierto modo, la misma que enfrenta todo el sector: la inteligencia artificial genera una demanda sin precedentes de chips, y esa demanda impulsa el negocio de quienes fabrican los equipos para producirlos. Pero ese mismo dinamismo ocurre en un contexto de creciente fragmentación geopolítica, donde los mercados se dividen, las cadenas de suministro se reorganizan y las empresas deben navegar entre la oportunidad económica y las restricciones políticas. ASML lleva la delantera en la carrera tecnológica, pero la política exterior ha decidido que también participe, involuntariamente, en otra competición distinta.



