El debut de MiniMax en la Bolsa de Hong Kong se ha convertido en uno de los estrenos más llamativos del año para el sector tecnológico asiático. En su primera sesión como cotizada, la compañía duplicó con creces su valor, cerrando con una subida del 109% tras una oferta pública inicial que recaudó 619 millones de dólares. Más allá del entusiasmo puntual, el salto bursátil funciona como termómetro de un fenómeno más amplio: el renovado apetito de los inversores por la inteligencia artificial china, ya no solo en chips y hardware, sino en software, modelos y aplicaciones de consumo.
La empresa, oficialmente conocida como MiniMax Group Inc., fijó el precio de sus acciones en 165 dólares hongkoneses en una colocación ampliada que superó todas las previsiones. El tramo minorista fue sobresuscrito más de 1.800 veces, una cifra que recuerda a los grandes estrenos tecnológicos de ciclos anteriores y que subraya el componente especulativo que todavía acompaña a la narrativa de la IA. Sin embargo, según varios analistas del mercado local, también hubo una participación relevante de inversores institucionales con horizontes de más largo plazo, atraídos por la posibilidad de identificar a los futuros campeones nacionales del sector.
Del entusiasmo global a la apuesta local
MiniMax es una de las primeras startups chinas de inteligencia artificial generativa surgidas tras el impacto de ChatGPT que logra cotizar en un gran mercado internacional. Su accionariado ilustra bien el tipo de alianzas que Pekín considera estratégicas: entre sus respaldos destacan Alibaba Group Holding Ltd. y el fondo soberano de Abu Dabi, una combinación de capital local y extranjero que aporta músculo financiero y credibilidad global.
El contraste con otros estrenos recientes ayuda a explicar la magnitud de la reacción. Un día antes, Knowledge Atlas Technology, más conocida como Zhipu, había tenido un debut mucho más discreto en el mismo parqué. La lectura que hacen algunos operadores es que MiniMax llega en un momento en el que la narrativa de la IA vuelve a ganar tracción, impulsada por temores a una burbuja en Estados Unidos y por una cierta rotación de liquidez hacia Asia. En ese contexto, Hong Kong reaparece como plataforma natural para canalizar capital hacia empresas chinas con ambición internacional.
El caso de MiniMax también sugiere que el entusiasmo ya no se limita a fabricantes de chips o infraestructuras. En meses anteriores, empresas de semiconductores locales habían protagonizado subidas espectaculares apoyadas en la demanda de sustitución tecnológica. Ahora, el foco se desplaza hacia el software y los modelos fundacionales, un terreno donde la competencia con gigantes como DeepSeek o OpenAI se vuelve explícita.
Un fundador entre videojuegos y modelos lingüísticos
La historia personal del fundador y consejero delegado, Yan Junjie, añade una capa narrativa que seduce tanto a inversores como a la opinión pública. Antiguo entusiasta de los videojuegos competitivos, Yan descubrió el potencial de la inteligencia artificial en 2019, cuando los bots de OpenAI derrotaron a los mejores jugadores humanos de Dota 2. A partir de ese momento, abandonó su trayectoria en visión por computador para centrarse en el procesamiento del lenguaje natural, convencido de que los grandes modelos transformarían no solo el ocio digital, sino la interacción cotidiana con la tecnología.
Uno de sus primeros apoyos financieros llegó de Mihoyo, el estudio detrás de Genshin Impact, cuyos fundadores comparten la obsesión por aplicar IA avanzada al desarrollo de juegos. Esa relación se mantiene hoy como una de las anclas comerciales de MiniMax, que sigue teniendo raíces profundas en la industria del entretenimiento digital incluso mientras expande sus ambiciones hacia asistentes conversacionales de uso general.
El entusiasmo bursátil, no obstante, convive con una realidad financiera todavía exigente. El folleto de salida a bolsa revela pérdidas ajustadas cercanas a los 186 millones de dólares en los primeros nueve meses de 2025, una cifra que refleja el alto coste de entrenar modelos, atraer talento y competir en un mercado donde la escala es determinante. Para los inversores, la apuesta no es por beneficios inmediatos, sino por la posibilidad de que MiniMax se consolide como plataforma dominante en un ecosistema protegido y promovido por el Estado chino.
Un ciclo de inversión aún inmaduro
Desde el punto de vista macro, la salida a bolsa de MiniMax se inserta en una oleada más amplia de empresas de IA que buscan capital en Hong Kong. Aproximadamente la mitad de las compañías que han anunciado planes de cotización este mes pertenecen al ámbito de la inteligencia artificial, una señal clara de la prioridad política y económica del sector. La expectativa es que el mercado comience a discriminar entre ganadores y perdedores a medida que el ciclo madure, algo que, según analistas de Bloomberg Intelligence, todavía llevará tiempo.
Por ahora, el estreno de MiniMax funciona como símbolo. Simboliza la confianza de los mercados en que China no quiere limitarse a fabricar el hardware que mueve la IA global, sino también a desarrollar el software que define su uso. Simboliza, además, la voluntad de Hong Kong de reafirmarse como puerta financiera de entrada y salida para el capital tecnológico chino. Y simboliza, finalmente, una verdad incómoda para los inversores: en un sector tan joven y volátil, la frontera entre visión estratégica y exuberancia irracional sigue siendo difusa.
Si el rally inicial se traducirá en una trayectoria sostenible dependerá menos del ruido del primer día y más de la capacidad de MiniMax para convertir ambición tecnológica en productos rentables. De momento, el mercado ha decidido concederle el beneficio de la duda, y lo ha hecho de forma espectacular.