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El fondo soberano más rentable del mundo apuesta por Europa frente a Estados Unidos

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El New Zealand Super Fund, considerado el fondo soberano con mejor desempeño global en la última década, ha decidido reforzar su exposición a la renta variable europea mientras reduce posiciones en Estados Unidos. La decisión marca un cambio de tendencia en el apetito inversor institucional y refleja un creciente escepticismo sobre las elevadas valoraciones del mercado bursátil estadounidense.

Brad Dunstan y Will Goodwin, co-directores de inversión del fondo neozelandés, explicaron que actualmente Europa representa la mayor posición “sobreponderada” dentro de su cartera de referencia, en contraste con un claro sesgo bajista hacia las acciones estadounidenses. El ajuste se basa en una visión de largo plazo: en un horizonte de diez años, consideran que las acciones europeas están cotizando por debajo de su valor justo, mientras que los títulos norteamericanos mantienen múltiplos excesivos.

“Estamos cortos en Estados Unidos y largos en Europa por una cuestión puramente de valoraciones”, resumió Dunstan, subrayando que la estrategia responde a un análisis estructural, no coyuntural.

Valoraciones divergentes y riesgos de inflación

El contraste entre ambos mercados es notable. El índice S&P 500 se negocia en torno a 27,5 veces beneficios, frente a unas 16 veces del Stoxx Europe 600. Esta brecha, que durante la última década se ha visto reforzada por la fortaleza tecnológica y corporativa de EE.UU., es para el fondo una señal de advertencia. En el mismo periodo, el retorno total del S&P 500 ha superado el 310%, muy por encima del 115% acumulado por el Stoxx 600.

Sin embargo, los gestores neozelandeses creen que esa diferencia tenderá a reducirse en la próxima década. Entre los factores clave señalan el riesgo inflacionario en EE.UU. y la perspectiva de tipos de interés más elevados durante más tiempo, lo que afectaría a las valoraciones. En cambio, el impacto de las políticas comerciales y los aranceles impulsados por Donald Trump es considerado un ruido de corto plazo sin relevancia estructural para inversores de largo alcance.

La apuesta contracorriente llega en un momento en el que las bolsas europeas han cedido terreno frente a las estadounidenses, favorecidas por unos beneficios empresariales sólidos al otro lado del Atlántico. Pero para el NZ Super Fund, la oportunidad está en el desfase actual de precios, más que en la inercia reciente.

Estrategia flexible y mirada hacia el capital privado

El éxito del NZ Super Fund —que gestiona unos 76.000 millones de dólares neozelandeses (44.000 millones de dólares estadounidenses)— radica en un modelo de gestión basado en el “total portfolio approach”. A diferencia de los marcos rígidos de asignación estratégica de activos, esta metodología evalúa los riesgos de manera global y permite modificar el peso de cada mercado con rapidez. Esa agilidad ha sido clave para que el fondo alcance rentabilidades anualizadas superiores al 10% en los últimos 20 años, superando al resto de fondos soberanos.

La inclinación hacia Europa no se limita a la renta variable cotizada. Goodwin destacó que el capital privado europeo ofrece un terreno fértil, especialmente en manos de “gestores jóvenes y ambiciosos” donde el NZ Super pueda convertirse en un inversor de referencia y forjar relaciones duraderas. Aunque reconoce que no será un componente estructural masivo —actualmente representa en torno al 5% de la cartera—, la exposición al private equity responde a la tendencia de empresas que permanecen privadas por más tiempo, lo que obliga a los fondos a buscar valor fuera de los mercados públicos.

No obstante, el directivo advirtió que ciertos fondos de capital riesgo están tensionados, ya que sus valoraciones internas no siempre se corresponden con lo que el mercado estaría dispuesto a pagar en la actualidad. Ese ajuste podría redefinir las oportunidades en los próximos años.

Un movimiento con ecos globales

La decisión del fondo neozelandés, que opera con un perfil de riesgo elevado pero consistente con su horizonte a largo plazo, envía un mensaje al resto de inversores institucionales: el dominio estadounidense en los mercados financieros no es incuestionable. Europa, pese a sus debilidades estructurales y a una década de rentabilidades modestas, podría beneficiarse de un ciclo de normalización en las valoraciones y convertirse en la sorpresa positiva de los próximos diez años.

La pregunta que queda abierta es si otros grandes fondos soberanos y de pensiones seguirán la misma estrategia. Si lo hacen, el flujo de capital podría reequilibrar parte del atractivo inversor hacia Europa, en un momento en el que la región busca consolidar su papel frente al dinamismo estadounidense y la pujanza asiática.

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