El mercado japonés despertó con un sobresalto optimista: las acciones de SoftBank Group Corp se dispararon más de un 10% tras una revisión al alza de las previsiones de su filial de telecomunicaciones y un renovado entusiasmo por el papel de Arm Holdings en la carrera global por la inteligencia artificial. La reacción no fue un mero rebote técnico. Reflejó, más bien, la sensación de que el conglomerado de Masayoshi Son vuelve a articular una narrativa coherente: flujos de caja estables que sostienen una ambición tecnológica de largo alcance.
La disciplina en telecomunicaciones devuelve credibilidad
El primer pilar de ese giro fue SoftBank Corp, la filial que opera el negocio de telecomunicaciones en Japón. En los primeros nueve meses del ejercicio fiscal 2025, la compañía elevó sus ingresos un 8% interanual hasta 5,2 billones de yenes, la cifra más alta registrada para ese periodo, mientras que el beneficio operativo avanzó en la misma proporción, hasta 884.000 millones de yenes. Con esos números como respaldo, la dirección revisó al alza sus objetivos anuales: ahora espera cerrar el ejercicio con 6,95 billones de yenes en ventas y 1,02 billones de yenes de beneficio operativo.
El mensaje subyacente fue tan importante como las cifras. SoftBank Corp subrayó que el progreso confirma una ejecución constante de su hoja de ruta, incluso mientras ajusta su negocio de consumo para priorizar la rentabilidad a largo plazo sobre el crecimiento puro de abonados. La estrategia ya deja huella: los ingresos del segmento de consumo crecieron un modesto 3%, pero el beneficio del área avanzó un 6%, pese a que el número de clientes de telefonía móvil se redujo en 100.000 durante el tercer trimestre tras endurecerse las políticas de captación. En un sector acostumbrado a subsidios agresivos y guerras de precios, el énfasis en márgenes sugiere una madurez poco habitual y refuerza la percepción de estabilidad del grupo.
Arm y la inteligencia artificial como motor estructural
El segundo catalizador fue el repunte de Arm, del que SoftBank conserva una participación significativa. Para Ortus Advisors, el vínculo es directo: la fortaleza de Arm añade combustible a la tesis alcista de SoftBank como plataforma expuesta al auge de la inteligencia artificial. Lejos de depender únicamente del ciclo de los smartphones, el diseñador británico de chips está encontrando un nuevo eje de crecimiento en los centros de datos y en los grandes proveedores de computación en la nube.
El propio consejero delegado de Arm, Rene Haas, lo expresó con claridad en su última conferencia de resultados: los ingresos por regalías procedentes de centros de datos se han más que duplicado en términos interanuales, y la compañía confía en que, en pocos años, ese negocio supere al móvil como su principal fuente de ingresos. La ambición va aún más lejos. Arm aspira a suministrar alrededor de la mitad de las unidades centrales de procesamiento utilizadas por los mayores operadores de nube del mundo antes de que termine el año, una meta que consolidaría su arquitectura como estándar de facto en la era de la IA.
Los números acompañan esa narrativa, aunque no sin matices. En el último trimestre de 2025, Arm registró ingresos récord de 1.242 millones de dólares, impulsados por la demanda vinculada a la inteligencia artificial. La cifra superó las estimaciones ponderadas por precisión de LSEG, aun cuando los ingresos por licencias quedaron ligeramente por debajo de lo esperado por Wall Street. Para los inversores, el mensaje fue claro: la transición hacia un modelo más dependiente de regalías recurrentes y de la expansión en centros de datos empieza a materializarse.
Un relato renovado para un conglomerado complejo
El rally bursátil encapsula algo más que un buen trimestre. Durante años, SoftBank ha sido percibido como un vehículo volátil, a medio camino entre un holding tecnológico visionario y una cartera de apuestas arriesgadas. La combinación actual —una filial de telecomunicaciones que genera caja con disciplina y un activo estratégico como Arm capturando el pulso de la inteligencia artificial— ofrece un contrapunto más equilibrado.
Para Masayoshi Son, que nunca ha ocultado su fe en la IA como fuerza transformadora de la economía, el momento tiene un sabor reivindicativo. La mejora de las previsiones en telecomunicaciones reduce la dependencia de desinversiones oportunistas y da oxígeno financiero para sostener inversiones de largo plazo. Al mismo tiempo, el desempeño de Arm aporta una historia creíble de crecimiento estructural en un sector donde la demanda parece apenas empezar.
Queda por ver si el entusiasmo del mercado se mantendrá cuando el ciclo tecnológico enfrente inevitablemente sus pruebas. Pero, por ahora, SoftBank ha conseguido algo que no es menor: convencer a los inversores de que su compleja constelación de negocios vuelve a moverse en la misma dirección. En un mundo donde la inteligencia artificial redefine prioridades industriales y financieras, esa coherencia puede valer tanto como un buen balance.