Estados Unidos

Nvidia supera expectativas, pero decepciona en centros de datos

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Nvidia volvió a superar las expectativas de Wall Street con sus resultados trimestrales, confirmando que su liderazgo en el suministro de chips para inteligencia artificial sigue intacto. La compañía reportó ingresos de 46.740 millones de dólares frente a los 46.060 millones que anticipaban los analistas, y un beneficio neto de 26.420 millones, lo que supone un incremento del 59% interanual. El beneficio por acción ajustado alcanzó los 1,05 dólares, también por encima de las previsiones del mercado.

La firma que dirige Jensen Huang anunció además que espera que las ventas en el trimestre actual se sitúen en torno a los 54.000 millones de dólares, un 50% por encima de lo registrado hace un año. Con estas cifras, Nvidia encadena ya nueve trimestres consecutivos creciendo a tasas superiores al 50% interanual, un ritmo inédito incluso para Silicon Valley.

Sin embargo, pese al tono optimista de las cifras, las acciones de la compañía retrocedieron en las operaciones posteriores al cierre. La razón principal: los ingresos de su negocio de centros de datos, la joya de la corona en plena fiebre de la IA, volvieron a quedarse por debajo de las previsiones de los analistas por segundo trimestre consecutivo.

El peso de China y las tensiones geopolíticas

El desencuentro entre las expectativas bursátiles y la realidad de los números tiene un trasfondo político y geoestratégico. Nvidia no pudo concretar ventas de su procesador H20 en China debido a las restricciones impuestas por el gobierno estadounidense, lo que supuso un golpe de 4.500 millones de dólares en amortizaciones y dejó sin contabilizar hasta 8.000 millones en ingresos potenciales durante el trimestre.

Pese a ello, la empresa logró colocar inventario por valor de 180 millones de dólares a un cliente fuera del mercado chino. Según la directora financiera, Colette Kress, si las licencias pendientes se desbloquean, Nvidia podría ingresar entre 2.000 y 5.000 millones adicionales en ventas del H20 en el próximo trimestre.

El trasfondo de estas cifras revela cómo la rivalidad tecnológica entre Washington y Pekín condiciona los balances de las grandes multinacionales. En este caso, un producto diseñado específicamente para sortear las limitaciones regulatorias ha terminado atrapado en la pugna comercial y estratégica de las dos mayores potencias del mundo.

Nvidia ante el futuro: más allá de los chips

A pesar de las tensiones, la diversificación de la compañía sigue mostrando músculo. Su división de videojuegos ingresó 4.300 millones de dólares, un 49% más que el año pasado, impulsada por la capacidad de sus tarjetas gráficas para ejecutar modelos de OpenAI en ordenadores personales. Su área de robótica, aún pequeña en comparación, creció un 69% interanual hasta los 586 millones, consolidándose como uno de los vectores de crecimiento a largo plazo.

El gran motor, no obstante, continúa siendo la infraestructura para inteligencia artificial. Solo el negocio de centros de datos generó 41.100 millones en ingresos, de los cuales 33.800 millones proceden de la venta de GPUs y 7.300 millones de los sistemas de interconexión necesarios para desplegar redes masivas de chips. La propia Kress señaló que el gasto global en infraestructura de IA podría alcanzar entre tres y cuatro billones de dólares hacia 2030, lo que explica el optimismo de los inversores pese a la volatilidad puntual.

En paralelo, Nvidia anunció un ambicioso programa de recompra de acciones por 60.000 millones de dólares, sin fecha de caducidad, tras haber adquirido ya 9.700 millones en el último trimestre. Este movimiento busca reforzar la confianza de los accionistas en un contexto en el que el precio de la acción ha subido un 35% en lo que va de año, después de haberse triplicado en 2024.

El dilema de Wall Street: ¿exceso de expectativas?

La reacción negativa del mercado a unos resultados récord refleja el dilema al que se enfrentan los inversores: Nvidia sigue creciendo a un ritmo sin precedentes, pero el listón de las expectativas es cada vez más alto. Tras convertirse en la empresa más emblemática del boom de la inteligencia artificial, cualquier desviación —por mínima que sea— en su negocio principal provoca ajustes inmediatos en la cotización.

El caso de Nvidia ilustra la paradoja de las compañías que dominan un ciclo tecnológico: su liderazgo es indiscutido, pero la presión del mercado para mantener crecimientos extraordinarios trimestre tras trimestre puede convertirse en una trampa. Con gigantes como Microsoft, Alphabet, Amazon y Meta gastando decenas de miles de millones en infraestructura, el futuro parece asegurado para la firma californiana. Sin embargo, el mayor riesgo para Nvidia podría no estar en sus rivales, sino en el difícil equilibrio entre geopolítica, regulación y expectativas financieras.

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